13 Avr 2009 - 23:54:11
La gran guía de la ciudad de CórdobaCÓRDOBA EXPRESS
09:00 Horas: Lugar de Encuentro: Mezquita – Catedral, Puerta del Perdón.
09:00 Horas: Presentación
09:15: Visita a la Mezquita – Catedral.
Mezquita Catedral de Córdoba
La Mezquita Catedral de Córdoba es uno de los conjuntos monumentales más importantes y peculiares de España y de occidente. Se trata de una enorme mezquita árabe a la que se le añadieron postizos en tiempos cristianos, especialmente en el siglo XVI cuando se erigió el templo o catedral cristiana en estilo básicamente plateresco.
La Mezquita árabe La Mezquita de Córdoba no es sólo el símbolo de Al-Andalus, sino un monumento fundamental de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. Es el reflejo artístico del poder de uno de los estados políticos más importante de occidente en los siglos IX y X: el Emirato y Califato de CórdobaLa construcción que ha perdurado es la sucesión de edificaciones iniciada por Abderrahmán I sobre la iglesia cristiana (Época Visigoda) de San Vicente, en la que reaprovechó abundante material, ampliada posteriormente por Abderrahmán II, Alhaken II y Almanzor.La Mezquita de Córdoba es un enorme cuadrilátero de suntuosas arquerías de 24.000 m2 de superficie.Las partes más importantes del edificio son el antiguo alminar o torre, el patio y la sala de oración.
Alminar. El alminar fue levantado por Abderrahmán III y convertido en la actual torre barroca a fines del siglo XVI.
Patio de los Naranjos.El patio original fue ampliado sucesivamente por Abderrahmán III y Almanzor en el siglo X. Los claustros actuales son producto de la remodelación total llevada a cabo en las primeras décadas del siglo XVI. Bajo los naranjos existe un amplio aljibe que aseguraba el agua necesaria para las purificaciones de los musulmanes.
Sala de oración. Etapa de Abderrahman I: Sobre la antigua iglesia de San Vicente, se inician las obras en la novena década del siglo VIII y posiblemente se construiría en un periodo no superior a siete años, de ahí su gran homogeneidad estilística.
El resultado fue una mezquita de once naves creadas a partir columnas de diferente procedencia (romanas, bizantinas, visigóticas...) que soportan arcos de herradura decorativos y pilares que soportan por encima los arcos estructurales de medio punto, creando una original arquería superpuesta de arcos de sillería blanca y ladrillo rojo.Etapa de Abderrahman II: Durante el reinado de este emir cordobés (821-852) y en momentos de paz y prosperidad se añaden siete tramos más a la mezquita de Abderrahmán I, ampliándola considerablemente hacia el sur. Los soportes siguen siendo viejas columnas visigodas reaprovechadas, aunque también aparecen los primeros capiteles árabes de modelo corintio.Etapa de Alhakén II (961-976): se vuelve a ampliar la mezquita. alargando doce tramos de la sala de oración. Las arquerías repiten básicamente el modelo de Abderrahmán I aunque también surgen arcos polilobulados entrecruzados. En ella hay que destacar la cúpula de la antigua capilla de Villaviciosa, así como la que precede del mihrab, recubierta de rico mosaico. Alternan los capiteles corintios y compuestos, así como los fustes de mármol azul y rosa. El lujo de la decoración se concentra en la capilla del mihrab, destacando los suntuosos revestimientos de mosaico. El interior del mihrab se cubre con una enorme concha de yeso de gran valor decorativo. Inscripciones en loor del califa fechan esta obra en 965.Etapa de Almanzor: La extensa ampliación de Almanzor sobre la Mezquita, llevada a cabo entre 987 y 990, no ofrece ya novedades arquitectónicas y se considera un alarde para afirmar su poder político.
La Catedral Cristiana
La Mezquita de Córdoba es convertida en catedral cristiana en 1236, tras la conquista de la ciudad por Fernando III. Desde entonces se iniciaron reformas parciales adicionando capillas y otros elementos cristianos.Los Reyes Católicos permitieron la construcción de una Capilla Mayor y ya en el siglo XVI durante el reinado de Carlos V se edificó, no sin grandes oposiciones, la actual catedral cristiana dentro de las naves de la antigua mezquita.Concretamente las zonas afectadas fueron las de Abderrahman II y Almanzor.El edificio lo inició en 1523 Hernán Ruiz el Viejo con permiso expreso del emperador Carlos V y se desarrolló a lo largo del siglo XVI, pero no se terminaron las obras hasta 1766.El resultado en un edificio que suma estilos desde el gótico final, plateresco, renacentista y barroco.Tiene nave y crucero, con planta de cruz latina. Los arcos son todavía góticos (apuntados), la ornamentación plateresca y la cúpula renacentista.Elementos destacables son el Altar de mármol rojo, la sillería del coro y el tesoro de la Catedral.El antiguo alminar islámico fue "forrado" con envoltura barroca
11:00 Horas: Recorrido por la Judería Introducción
La judería es un encantador barrio blanco lleno de flores que queda como testimonio del núcleo judío que existió ya en la época romana y visigoda y que llegó a ser un importante reducto intelectual en tiempos de Abderramán III cuando se atrajeron a la corte filósofos, científicos y poetas. En esta época de esplendor nació Maimónides, en 1135, que, expulsado por los moros en su juventud, viajó por el mundo estudiando medicina y religión. Ocho siglos tomó a los cordobeses erigir un monumento a este hijo errante, haciéndolo aquí, en su barrio, en 1965, en la pequeña plaza de Tiberias, donde en verano las mesas del restaurante de la plaza rodean a este sabio.
Asimismo en su parte occidental, combinando estanques y jardines, se rinde homenaje a otros dos ilustres cordobeses: Séneca, el escritor y filósofo romano (año 4 a.C- año 65 d.C), cuya estatua, sufragada por el torero Manuel Benitez, El Cordobés, está situada en una encantadora plaza, junto a la Puerta de Almodovar y la estatua de Averroes en la calle de la Muralla.
En la Calle de los Judíos se encuentra la Sinagoga, construida en 1315. Es una de las pocas que en España han conservado su estructura original, con la galería de las mujeres, el Arón, donde se guardaban los rollos sagrados de la Ley y su profusa decoración mudéjar. Las casas colindantes se supone que fueron edificios anejos de la misma, como la Escuela Talmúdica.
Además en este laberinto de calles encontramos el Zoco, donde se reúnen las tiendas de artesanía y, en verano, un tablao flamenco; la Capilla de San Bartolomé, gótico-mudéjar, con su bella y extraña combinación de elementos decorativos, la Casa del Indiano, mudéjar e isabelina y los minaretes que conservan la Iglesia de San Juan y el Convento de Santa Clara, ambas del s. XI. En último lugar, destacar los Baños Árabes de la calle de Comedias y el Museo Municipal Taurino, que expone trofeos, trajes y carteles de eminentes toreros cordobeses como Lagartijo, Machaco, Guerrita, Manolete y El Cordobés, recientemente nombrado V Califa de toreo junto a los ya nombrados. Recorrido Comenzamos nuestro paseo por la calleja de las Flores, rincón más pintoresco del barrio viejo de la judería, situado en las inmediaciones de la Mezquita, en la Calle Velásquez Bosco, arquitecto contemporáneo cordobés muy relacionado con la propia Mezquita.
En las paredes de la mencionada calle cuelgan numerosas macetas y a sus píes hay arriates donde crecen jazmines, rosales y madreselvas. La calleja deriva en una plazoleta sin salida desde donde se divisa una bella estampa de la torre catedralicia. Continuamos desde la calle Velásquez Bosco hasta la plaza de Blanco Belmonte, donde destaca la sede del Centro de Arte Dramático de Córdoba, para adentrarnos en la renovada calle Céspedes, pintor y humanista cordobés del siglo XVI, y desde allí penetrar por el callejón de la Hoguera, rincón encalado donde al entrar se tiene la sensación de estar pisando un patio particular. A uno de sus lados toman asiento la Mezquita de los Andaluces y la Universidad Islámica Internacional Averroes de Al – Andalus. La estrecha vía conduce a una estrecha plaza cuadrada y con soportales, íntima y umbría, a uno de cuyos lados se abre un arco de piedra que conduce a la plazoleta del pintor Miguel del Moral. El número 6 de la plaza tiene una ventana pequeña donde se atisba el patio íntimo donde vivió el pintor, que ilustró con sus dibujos y grabados los poemas de la célebre revista cordobesa cántico. Dos metros más abajo antes de desembocar en la calle Deanes, hay una columna que remata una esquina donde hay una inscripción tallada que reza: “Yo soy de don Luis de Góngora, año 1.627”. La columna procede de la casa donde murió el poeta, en la plaza de la Trinidad.
El recorrido continúa por la mencionada calle de Deanes, donde hoy se concentra numerosos establecimientos turísticos, propios del nefasto mercado desordenado que ensombrece la maravillosa calle. Deanes es un de los lugares por excelencia donde contemplar a medianoche el paso de los famosos pasos de la Semana Santa cordobesa. Hacía la mitad de la calle nos adentramos en la calle Romero, pasando por dos de los ejemplos más representativos de la Córdoba gastronómica, Pepe de la Judería y el Churrasco, para desembocar en la Plaza del Cardenal Salazar, en la que destaca el Hospital que da nombre a la misma.
El Hospital fue una fundación del Cardenal Obispo de Córdoba, don Pedro Salazar de la orden de la Merced. Siendo concebido a priori como un centro educativo destinado a los niños pobres donde se les inculcaría una formación musical para así dotar a la Catedral de una capilla de música. Para tal efecto adquirió las antiguas casas solariegas que habían pertenecido a Don Antonio Carlos del Corral, las cuales estaban adosadas a la Iglesia de don Bartolomé (Siglo XV). Se iniciaron las obras en 1701 caracterizándose por la solidez de la obra. La capilla de la Iglesia quedó finalmente encuadrada en el interior del edificio que en la actualidad se emplaza en este edificio a Facultad de Filosofía y Letras. Mención especial en esta plaza merece también la Iglesia de San Pedro Alcántara. Convento y hospital que terminó de construirse en el año 1.699 por Luís de Rojas y Baltasar de los Reyes. Este convento, que utilizó para su construcción materiales de los baños califales del antiguo palacio de los Omeyas, que fue parcialmente destruido y trasladada su portada ojival al convento de la Merced, hoy Diputación Provincial.
A continuación bajando por la calle San Bartolomé llegamos a la plaza de Maimoides, (filósofo judío) que configura un cruce de caminos donde las callejas estrechas y umbrías dan sentido histórico y estético a la Judería. En esta plazoleta asimétrica se alza el Museo Taurino inaugurado en 1955 en una vieja mansión señorial del siglo XVII que fue sede a principios del siglo XX de un Museo de Artesanía cordobesa. En otro de la Plaza se halla la casa solariega de los Condes de Hornachelos y dentro del hotel NH Amistad podemos contemplar un patio porticado con capiteles de época romana, visigoda y árabe.Muy próximo a todo ello visitamos el Zoco.
Un callejón estrecho, enmarcado por tres arquillos, conduce hasta el Zoco municipal, creado en 1954 por el alcalde Antonio Cruz Conde y el arquitecto José Rebollo, para reunir a los artesanos de la ciudad. El Zoco ocupa a parte de la primitiva Casa de las Bulas, del siglo XVI. El callejón conduce a un patio a cuyos lados se abren los negocios artesanales de plateros, artesanos y curtidores del arte del cordobán. Al final del Zoco hay otro arco que mira a la calle Averroes, donde se sitúa el Oratorio de San Bartolomé, y más cuesta arriba el Hospital del Cardenal Salazar.
Junto a esta plaza en la calle Judíos se sitúa la Plaza de Tibiriades, presidida por la figura de Maimonides, una escultura sedente realizada en bronce por el escultor Amadeo Ruiz Olmos inaugurada en 1964. El pie de la escultura esta descolorido por las miles de manos que se han posado sobre él. De la plaza parte la calle Judíos, blanca recta y disciplinada. Sus casas tienen hendiduras a mitad de la fachada que permitía hasta hace pocas décadas el transito de carruajes. Al finalizar la calle, que hace esquina con la Puerta de Almodóvar, vemos una Inscripción que recuerda el nacimiento el 3 de febrero de 1879 del historiador Antonio Jaén Morente, que en su libro Historia de Córdoba rememora el paso que la comunidad hebrea tuvo en la ciudad en el siglo X y asegura que en el año 948 “fijan los escritores hebreos el traslado a Córdoba de las academias judías que existían en Oriente, creando así la primera escuela de estudios talmúdicos”. De aquel pasado que retrotrae la memoria a Sefrad da cuenta la sinagoga que abre sus puertas en la calle judíos y que a continuación visitaremos.
La Sinagoga
Se construyó en el año 1315 (5075 del calendario judío) en estilo mudéjar por alarifes dirigidos por Isaq Moheb.Consta de un patio al que se accede desde la calle y que da paso a un vestíbulo seguido de la sala de oración. Del lado oriental del vestíbulo arranca la escalera que lleva hasta la galería para las mujeres; dicha galería se conecta con la sala de oración mediante tres balcones decorados con arquillos polilobulados. La sala de oración es de planta casi cuadrada con 6'95x6'37 m.; tiene cubierta de artesonado y alcanza una altura de más de 6 metros; en su lado oriental se abre el tabernáculo, espacio reservado para la Torá y coronado con arco de grandes lóbulos, enmarcado en un alfiz; alrededor se dispone decoración de lacería.
El lado opuesto al tabernáculo presenta un pequeño nicho con arco polilobulado y apuntado, donde estuvo el retablo de Santa Quiteria.La decoración en yeso, con motivos mudéjares, se ha perdido hasta unos dos metros de altura, dejando a la vista el ladrillo de su fábrica.Luego de la expulsión de los judíos en 1492 el edificio se dedicó a diversas funciones: hospital de hidrófobos de Santa Quiteria, Ermita de San Crispín del gremio de los zapateros y escuela de párvulos hasta que fue declarado Monumento Nacional en 1885.Desde entonces pasó por varias fases de restauración como la de Félix Hernández en 1929 y las iniciadas en 1977 hasta llegar a la reapertura del edificio en 1985 con motivo de la celebración del 850 aniversario de nacimiento de Maimónides.Solo a unos pasos de La Sinagoga visitamos la mejor representación que perdura de una vivienda en la época dorada de Córdoba, La Casa Andalusí. Recuperada a mediados del siglo XX y devuelta a la grandeza que debió de poseer en sus mejores días, su patio es un remanso de paz envuelto de una decoración mudéjar propia de la época, y que nos permitirá visualizar a la perfección las construcciones de la época.
El siguiente punto de nuestro recorrido es la Puerta de Almodóvar, una de las doce entradas que tuvo la ciudad en la época medieval, tras ella podemos ver la estatua de Séneca La talla en piedra fue labrada por el escultor Amadeo Ruiz Olmos y se dice que a la hora de esculpir se inspiró en el tabernero Paco, El Rubio, un popular vecino de la judería. La escultura fue costeada por el diestro Manuel Benítez, El Cordobés e inaugurada en 1965, coincidiendo con un congreso de filosofía sobre la obra del patricio romano. Descendiendo por la calle Cairuan vamos contemplando los restos de la muralla que en su día rodeaba la ciudad medieval, Medina. Las murallas de Córdoba han sufrido a sufrido a lo largo de su historia cambios en cuanto a su extensión y utilización de materiales. Son un reflejo que tras ella habitaba, son u símbolo de la ciudad, separando lo rural de lo urbano. Si bien al principio constituían un elemento imprescindible para la supervivencia de la urbe, a partir del siglo XVI van perdiendo progresivamente su función defensiva, llegando finalmente a ser un elemento estrangulador de la creciente expansión de la ciudad, por lo que se fue derribando conservándose en la actualidad pequeños vestigios como el que presenciamos.
Al finalizar la calle llegamos a una plaza que acoge la escultura del filósofo y médico Averroes, situada junto a la puerta que da acceso a la calleja de la Luna, uno de los más bellos rincones de la judería. La pequeña plaza esta presidida por una fuente mural dedicada al dios heleno Pan, protector de los pastores. En el flaco izquierdo se abre un pequeño arquillo que da acceso a una calleja aprisionada por dos palacios nobiliarios. A la derecha se alza la espalda encalada de la Casas de las Pavas, cuya fachada rnacentista mira a la calle Tomás Conde. A la izquierda queda el palacio de Villaceballos, cuyos muros están protegidos por sillares y ladrillos. Al final de la serpenteante calleja se admira la portada barroca del palacio. Saliendo del laberinto que constituye la judería, llegamos al Campo Santo de los Martires, lugar en donde se ubicaba en época Omeya andalusí parte del Alcázar, conjunto arquitectónico palaciego, al cual pertenecían los baños califales, que a continuación visitamos.
Los Baños Califales
Construidos en la época de Al-Hakan II debieron pertenecer a un edificio adosado al palacio; aparecieron por primera vez durante unas obras realizadas en el año 1.691, utilizándose parte de los materiales encontrados para la construcción de otros edificios. Volvieron a cubrirse hasta que, en el año 1.903, se realizaron nuevas excavaciones para recuperar dichos restos, excavaciones que no pudieron continuarse por impedimentos de la Junta de Sanidad. En el año 1.961 comienza la labor arqueológica propiamente dicha, aunque con sucesivas paralizaciones.
En Córdoba aún existen restos de otros baños construidos entre los siglos X al XV: calle Céspedes (siglo X); calle Carlos Rubio (siglo XII); antigua calle de la Pescadería (siglo XII), en el Alcázar de los Reyes Cristianos y en Medina Azahara. La visita se realiza guiada por las diferentes etapas que componen este tradicional ritual.Con la visita a los Baños Califales concluimos el paseo por la judería.
12:30 Horas: Visita al Alcázar de los Reyes Cristianos
El Alcázar de los Reyes Cristianos
Emplazado en el mismo lugar en que estuvo la Aduana de la Bética o "Telonium". Más tarde lo habitaron los visigodos, sucediéndoles, a su vez, los árabes. Cuando Fernando III conquistó Córdoba cedió, al obispado, parte de los terrenos del Alcázar árabe y otra parte a los frailes agustinos; que se mantuvieron en el lugar hasta ser desalojados por Alfonso XI para acometer la reconstrucción del Alcázar. En 1.359 comienzo a ser conocido como Reales Alcázares. Enrique IV convierte la fortaleza en palacio, incorporando patios, jardines y baños de tradición musulmana. Durante el reinado de los Reyes Católicos se levantó la Torre de la Inquisición instalándose, en ella, el tribunal del Santo Oficio. Desde aquí gobernaron Castilla, recibieron al Gran Capitán y a Cristóbal Colón y prepararon la conquista de Granada. Según se cuenta, en una de sus salas se dictó, por las Reyes Católicos, la "Ley de las Holgazanas", que privaba a las mujeres cordobesas de sus bienes gananciales, por lo que muchas iban a casarse a la cercana aldea de Alcolea. Esta prohibición no se levantó hasta el reinado de Carlos III. La capilla barroca se construyó en siglo XVII.
Después de la conquista de Granada, los Reyes Católicos cedieron el edificio al Tribunal del Santo Oficio, que lo utilizó hasta su abolición en 1.821 pasando, posteriormente, al Consejo de la Ciudad que continuó su uso como cárcel hasta la segunda república y, más tarde, como prisión militar. En este siglo, en la década de los sesenta, el Ayuntamiento lo recupera para la ciudad, restaurándolo para incorporarlo al tesoro cultural de Córdoba.
Podemos contemplar en una de sus galerías, un gran sarcófago romano, correspondiente al arte funerario del siglo II, encontrado en la Huerta de San Rafael, hoy barrio de Santa Rosa, en el año 1.958, así como una magnífica colección de mosaicos, igualmente romanos, hallados en la Plaza de la Corredera en 1.959. Todo el conjunto es digno de una detallada visita, destacando sus torres cubiertas por bóvedas ojivales con magnífica crucería. Pueden visitarse los baños de vapor árabes, con un gran depósito central de agua y piletas a cada lado. Ya en los jardines, encontramos el llamado Patio Morisco, de estilo mudéjar, decorado con zócalos que llevan las armas de Castilla y de León. También siguen el estilo mudéjar las albercas que se comunican entre sí.
En el patio del Alcázar se celebró la primera corrida de toros de la que se guarda prueba documental en la ciudad.
Detrás del Alcázar está el barrio del Alcázar Viejo o de San Basilio. Podemos entrar en él siguiendo la calle donde se encuentra el edificio de las que fueron las caballerizas del palacio. Visita muy breve. Este barrio, perfectamente delimitado, luce bellos patios populares que pueden visitarse en el mes de mayo. En 1570, Felipe II dio rienda suelta a su afición por los caballos y a su proyecto de crear el pura raza español. Para ello mando construir las Caballerizas Reales en una parte del solar del Alcázar. Comparte con la fortaleza real el marcado carácter militar. En este atractivo edificio se crió el caballo español, también llamado andaluz, de ascendencia árabe. La estancia principal, cuya cubierta de bóveda de arista es soportada por columnas de piedra arenisca, está dividida en pequeñas cuadras.
Concluiremos la mañana antes de regresar a nuestro punto de partida con una rápida visita a las caballerizas reales y pasando frente a singulares edificios de la zona como el Seminario de San Pelagio, Hospital de San Sebastián, el Palacio Episcopal y el Museo Diocesano.
Seminario de San Pelagio Fue fundado en 1.583 por el obispo don Antonio Mauricio Pazos. Los colegiales asistían a las clases del colegio de los jesuitas hasta la exclaustración de estos. El obispo Caballero Góngora que protegió las artes y las letras en plena Ilustración, (1.788-1.796), hizo del Seminario un centro de pensamiento y cultura. Ha sufrido profundas modificaciones a lo largo de los siglos siendo las más importantes las realizadas en el siglo XVIII, época de la que data la escalera de mármol negro y adornos rococó, la capilla y el patio. Actualmente se encuentran en él las dependencias del obispado, una casa para sacerdotes jubilados y la Escuela de Magisterio de la Iglesia.
Hospital de San Sebastián El edificio, ahora Palacio de Congresos, colindante con el Palacio Episcopal y como él edificado sobre los restos del Alcázar de los Omeyas en el año 1.512 fue, hasta el año 1.816, un hospital llamado de San Sebastián; a partir de esa fecha se convirtió en Casa de Expósitos primero y en Casa Cuna después hasta que, en los años cincuenta, quedó vacío y pasó a otros usos públicos. La portada, del 1.516, es de estilo gótico humanista. En este hospital falleció, en 1.591, el historiador cordobés Ambrosio de Morales. Uno de sus colaboradores fue el pintor cordobés Pablo de Céspedes, autor del cuadro "La última cena", lleno de simbolismos sobre la medicina natural y conservado, actualmente, en la Catedral.
Palacio Episcopal Situado frente a la fachada occidental de la Mezquita se edificó sobre los restos de un palacio visigodo, después alcázar califal de los Omeyas cordobeses. Desde la Reconquista, hasta nuestros días, ha sido la sede de los obispos de Córdoba. A mediados de los años ochenta se traslada la residencia del obispo al seminario de San Pelagio, en la aledaña calle Amador de los Ríos, convirtiendo, la antigua sede episcopal, en Museo Diocesano. La primera reforma importante del palacio se hizo en el siglo XV, con una construcción de estilo ojival de la que solo quedan dos ventanas. En el siglo XVII se reformó la fachada sur, con un gran patio, en el que, en excavaciones recientes, se encontraron restos del muro de cerramiento del palacio árabe. En esa fecha se derribó el pasadizo de arquillos que lo unía a la Mezquita. En los siglos XVIII y XIX se le añadieron la portada sur, la biblioteca, las cuadras y los jardines. La capilla, de finales del XVIII, tiene unos bellos retablos barrocos, tres de ellos del escultor sevillano Pedro Duque Cornejo y dos del cordobés Alonso Gómez de Sandoval. Ya en 1.961, y en el cercano Jardín de los Mártires, se realizaron unas excavaciones que dieron como fruto la recuperación de una parte del Palacio Califal y los baños del Alcázar.
Museo Diocesano Inaugurado en el año 1.988, en sus salas se recogen tesoros, anteriormente guardados en muchas iglesias de Córdoba, desde la Edad Media hasta nuestros días; esculturas, mobiliario, libros, piezas de culto y pinturas, entre las que sobresalen las de Antonio del Castillo y Valdéz Leal; posee, además, una buena colección de tapices, destacando los regalados por el obispo don Leopoldo de Austria en el siglo XVI. Hay varias obras del pintor Julio Romero de Torres.
14:30 Horas: Fin de las visitas programadas para la mañana.Servicio opcional: Aperitivo - Comida
16:00 Horas: Lugar de encuentro: Mezquita – Catedral, puerta del Perdón.
Nos dirigimos hacia la ribera del río Guadalquivir por el lateral izquierdo del templo, acercándonos hacía la mitad de la calle a la calleja de Pedro Jiménez, popularmente conocida como del pañuelo, otro de los rincones inolvidables de la judería cordobesa. El mencionado sobrenombre, responde a su estrechez es similar a las dimensiones de un pañuelo de hombre extendido por los picos. Al entrar en ella el viajero tiene la sensación de perturbar un espacio íntimo y privado. No es así. La calleja del pañuelo cobija en su interior un ágora pública, aunque es considerada la plaza más pequeña del mundo. Su planta es asimétrica y está encalada. De sus arriates brotan los troncos de dos naranjos que buscan la luz por encima de una fuente mural de la que cae un hilo de brocal rojizo de origen árabe. Sólo hay tres puertas, y todas ellas guardan una estricta proporción con la plaza a la que abren. Tras finalizar la calle que iniciamos antes de desviarnos, llegamos a la Puerta del Puente, que originariamente formaba parte de las murallas de la ciudad.
En 1571 fue reformada por Hernán Ruiz III, quien proyectó una majestuosa construcción. Sus cuatro columnas estiradas soportan el peso de un entablamento donde hay una inscripción conmemorativa de una visita del Rey Felipe II. En 1912 la puerta fue liberada de las edificaciones adosadas a sus lados. Años después sus restauradores repiten en la parte interna puerta, que mira hacia el muro sur de la mezquita, todo el esquema constructivo del pórtico. Sus pilares reposan en el nivel en que fue erigido en el último tercio del siglo XVI. Al lado se alza el Triunfo de San Rafael, una de las construcciones más populares de Córdoba. Erigido entre 1765 y 1781 según un diseño del Arquitecto Miguel Verdiguier. La base evoca las fuentes de la Plaza Navona de Roma. La base del Triunfo representa un monte accidentado donde tienen cabida los grandes símbolos de la ciudad cordobesa. Sobre ellos se erige un castillete a cuyos pies reposan las esculturas de piedra de los Santos Acisclo, Bárbara y Victoria. La columna, rematada por un capitel corintio, sostiene la imagen de San Rafael Arcángel.
A continuación y mientras pasamos por el soneto de Luis de Góngora a Córdoba, contemplamos el Puente Romano y a su derecha el Molino de la Albofaila. Soneto a Córdoba ¡Oh excelso muro, oh torres coronadasde honor, de majestad, de gallardía!¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,de arenas nobles ya que no doradas!¡Oh fértil llano, oh sierras levantadasque privilegia el cielo y dora el día!¡Oh siempre gloriosa patria mía,tanto por plumas cuanto por espadas!Si entre aquellas ruinas y despojosque enriquece Genil y Dauro bañatu memoria no fue alimento mío,nunca merezcan mis ausentes ojosver tu muro, tus torres y tu río,tu llano y sierra, ¡oh patria!, ¡oh flor de España! El río Guadalquivir desciende por los sotos de la Albofaila, un espacio natural protegido salpicado de viejos molinos, islas, y una tupida vegetación donde anidan más de un centenar de especies distintas de aves. El molino de la Albofaila, situado a orillas del río en las proximidades de los murallones de Alcázar de los Reyes Cristianos figura en el escudo de la ciudad. El molino tenía como misión suministrar agua de los jardines del baluarte cristiano hasta que Isabel la Católica mandó desmontar su rueda, según se cuenta por que no le permitía dormir con comodidad. Sobre el Guadalquivir, se alza desde el siglo I a. C. el Puente Romano, mandado construir entonces, durante el gobierno de Julio Cesar. De su fábrica romana solo quedan los pilares. Fue reconstruido en época omeya y fortalecido tras la Reconquista. En 1867, el ingeniero Luis Sainz Gutiérrez le dio el aspecto que luce en la actualidad. En el centro del puente, sobre el perfil, se alza una escultura de San Rafael Arcángel, realizada en 1651 por Bernabé Gómez del Río.
Esta imagen del santo custodio es una de las más veneradas de Córdoba. A sus píes los vecinos del Campo de la Verdad colocan flores y velas rojas. El puente tiene una longitud de 230 metros y esta sostenido por 16 arcos. Al final del Puente Romano vemos la torre de la Calahorra. Puerta de entra al barrio del Campo de la Verdad, conocido así por ser el lugar donde los mártires de Córdoba como San Álvaro fueron ejecutados, durante las persecuciones contra los cristianos en época romana. La fortaleza toma asiento en el mismo lugar donde en época califal se levantaba un torreón que ejercía de llave de la antigua ciudad. De aquella época no quedan más que los cimientos.
El monumento actual es de época cristiana. En 1369 Enrique II mandó unir con dos torreones cilíndricos los dos primitivos cuerpos cuadrados que flanqueaban un arco de entrada. Los muros son de gran grosor y están cosidos a soga y tizón. Desde la azotea almenada se divisa una de las más hermosas vistas de la ciudad. En efecto, en la otra orilla del río se observa el crucero de la catedral, las torres de las diferentes iglesias de la ciudad, sus cúpulas, los edificios más altos y la sierra.
La torre de la Calahorra he desempeñado diferentes funciones a lo largo de su historia. En el siglo XVIII ejerció de cárcel de la prisión de la nobleza cordobesa. Posteriormente fue cuartel de las tropas y de la Guardia Civil. Mediado el siglo XIX, acogió una escuela de niñas tras una concienzuda restauración llevada a cabo por el arquitecto local Rafael Luque. Décadas después fue sede del Museo Histórico de la ciudad, hasta que finalmente fue erigida sede de la Fundación Roger Garaudy para ubicar una exposición permanente que lleva por título Córdoba, puente entre Oriente Occidente. En sus salas destacan los bustos de los sabios Averroes, Maimonides, Ibn al`Abari y Alfonso X el Sabio, que dictan a sus visitantes sus sentencias y aforismos. En otras salas destacan maquetas de Córdoba en el siglo X.
Continuamos por la ribera del río, contemplando el mismo, viendo no muy lejos el meandro que realiza en la ciudad y el nuevo puente de miraflores, de reciente construcción. A los pies de este llegamos a la Cruz del Rastro que parte de la calle San Fernando, que dividía con sus murallas en época musulmana la medina (ciudad) y la Axerquía (resto de la ciudad, periferia). Adentrándonos en ella, visitamos en primer lugar, tras pasar por el arco del portillo. Este arco da paso a una entrada a una ciudad secreta, levantada sobre los perdidos barrios de los mercaderes. Sus calles son serpenteantes y umbrías. Las casonas que aquí encuentran acomodo se abren a patios decorados con pozos, jazmines y limoneros. En ocasiones, las copas de las yedras y las buganvillas superan los muros íntimos de las viviendas y escapan buscando la calle. Reina el silencio, pues la mayor parte de este disfrazado laberinto, por suerte, peatonal. La calle Cabezas desciende hasta la parte trasera del palacio de los marqueses del Carpio.
De esta calle sale entre un conjunto de casonas solariegas la calleja de los Arquillos. En la misma, reside una leyenda que es también inspiración literaria. La calleja está cerrada por una verja de hierro que protege los muros de ladrillo visto, el pavimento empedrado y los cuatro arcos que la cruzan transversalmente. Una lápida que hay a la entrada aclara en parte su misterio: “Dos insignes historiadores cordobeses, Aben Hayan, Ambrosio de Morales y un cantar de gesta castellano nos dicen que en el año 974 en esta casa estuvo preso el señor de Salas Gonzalo Gustioz y que tiene las cabezas de sus hijos, los siete infantes de Lara, muertos en los campos de Soria, fueron expuestos sobre estos arcos. Verdad y leyenda venerable, de fama multisecular en toda España”.
El texto se atribuye al historiador Ramón Menéndez Pidal, que también recuerda la inspiración literaria que esta leyenda encontró el Duque de Rivas a la hora de escribir su obra El moro Expósito, un poema épico que hilvana a través de las letras de las civilizaciones musulmana y cristiana de la Edad Media por medio de dos ciudades (Córdoba y Burgos) y dos linajes (el de los siete infantes de Lara y de Mudarra, hermano de estos y sobrino de Almanzor). Otras posturas sobre estos mismos hechos relatan una versión contraria: La denominación de Casas de las Cabezas viene dada por un tradicional error, pues se pensaba que fue aquí donde trajeron las cabezas cortadas de los Siete Infantes de Lara, para ser presentadas ante su padre, Gustios González. La Leyenda cuenta como uno de los hijos de este mata accidentalmente en una boda al primo de la novia, quien pide venganza a su marido, Ruy Velásquez.
El esposo trama un engaño mediante el cual Almanzor, que vivía en Córdoba, mata a os siete hijos de Gustios González mientras este cae prisionero del general árabe. Se dice, que al presentar las cabezas de sus hijos al preso, éste mostró tanto dolor que por piedad fue liberado. El engaño de Ruy Velásquez fue descubierto y vengado por el hermanastro de los infantes años más tarde. Mudarra era el nombre del hijo que Gustios González engendró con la hermana de Almanzor durante su cautiverio en Córdoba y que finalmente hará justicia para con sus hermanos. Volviendo sobre nuestros pasos, regresamos a la calle San Fernando, que tomó el nombre del conquistador de la ciudad a parir de 1862, año en que el ayuntamiento cambia la nomenclatura de buena parte del callejero cordobés. La calle, a la que todos conocían y siguen conociendo como calle de la Feria, es una de la más alargadas y rectas de la ciudad.
Se extiende desde la citada Cruz de Rastro, hasta el inicio de la curva que forma la calle Diario Córdoba. Antes de visitar la iglesia de San Francisco y San Elogio nos da la bienvenida un pórtico barroco erigido en 1782, con una hornacina vacía que da entrada al compás de San Eulogio. En él de cara a la iglesia, toma asiento un pequeño jardín creado en 1927 en homenaje al gremio de plateros, el sector artesanal más numeroso y pudiente de la industria cordobesa. En la fachada de la iglesia hay una fuente mural de estilo neobarroco donde se ha reproducido en azulejos el cuadro La virgen de los plateros de Juan de Valdés Leal, cuyo original se exhibe en el cercano Museo de Bellas Artes y que más tarde visitaremos. Bajo su estampa están grabados los nombres de los más famosos plateros que ha dado la historia de Córdoba, desde el judío Juda ben Borla hasta el tallista barroco Damián de Castro. La antigua iglesia convento franciscano de San Pedro el Real fue consagrada como parroquia en 1877 bajo la advocación de San Francisco San Eulogio. El templo pertenece a las fundaciones fernandinas. Posiblemente, en este mismo lugar debió de hallarse una de las coránicas más importantes de la córdoba árabe. La iglesia ha pasado por dos etapas constructivas claramente diferenciadas. La primera está datada a finales del siglo XIII.
A ella pertenece la fábrica medieval de la que subsisten los tres ábsides de la cabecera y el crucero. En el primer tercio del siglo XVII el templo fue objeto de una profunda reforma. El cabildo de entonces aprueba reformar según los postulados del Barroco, hasta el punto de que nada recuerda, al menos en la nave ni en la cúpula central, que este lugar fuera un templo gótico. La portada que mira al compás de San francisco esta realizada en mármol gris. Sus tres cuerpos decrecientes están profusamente labrados. En el cuerpo intermedio destaca una talla en mármol blanco que representa a San Fernando. La única nave del interior, dividida en siete tramos, está cubierta por una bóveda de cañón con lunetos que ocultan los primitivos ventanales góticos. A la izquierda, en el lado del evangelio, hay altares, mientras que a la derecha, en el lado de la epístola, hay capillas. El crucero está coronado por una gran cúpula decorada con yeserías, sostenida por cuatro recargadas pechinas. La cabecera acoge los tres ábsides poligonales del viejo templo medieval. El de la izquierda muestra la autenticidad de la piedra desnuda así como las originales bóvedas y nervaduras fernandinas. El ábside central acoge el presbítero donde se alza un gran retablo dorado, encargado en 1720 a Teodosio Sánchez de Rueda. Entre las columnas salomónicas hay dos hornacinas que contienen la imagen de Nuestra Señora de la Aurora y, por encima, un crucificado. La obra más temprana del pintor sevillano Juan de Valdés Leal se muestra en el lado izquierdo del altar mayor. El lienzo, fechado en 1647, representa a San Andrés.
A pocos pasos de este lugar, en el pilar derecho del crucero, se alza el retablo de San Eloy, patrón del gremio de plateros, que aquellos artesanos lo mandaron erigir en 1754. Las capillas de al lado de la epístola acoge un copioso muestrario de imaginería religiosa. La imagen de la Virgen del Pilar es contigua a la de la Virgen de la Cabeza, a uno de cuyos lados se exhibe el enigmático lienzo La prensa mística, donde un Cristo Crucificado chorrea sangre por sus heridas y las vierte sobre hombre y mujeres que padecen la incertidumbre del Purgatorio. El lienzo es Agustín del Castillo y está fechado a comienzos del siglo XVII. En la capilla contigua se venera una armoniosa talla que representa a Cristo en la oración en el Huerto, creada por el círculo de Pedro de Mena allá por 1670. Entre los altares del lado del evangelio destaca el consagrado al Ecce Hono. En la hornacina principal se alza un busto atribuido a la Roldana. De aquí nos dirigimos a través de la calle Lucano, filosofo romano, a la plaza del potro. La historia de la plaza esta emparentada con el Siglo de Oro español. Por aquellos tiempos el Potro era asiento de posadas y mesones, donde paraban arrieros, tratantes y mercaderes atraídos por unos de los mejores mercados de caballos y mulas que se celebraban por entonces. La fuente renacentista que preside la plaza fue labrada en 1577, bajo el reinado de Felipe II. El corregidor Garci Suárez de Carvajal mandó construirla para abastecer de agua potable al vecindario. Hasta 1847 ocupó el lado opuesto de la plaza, donde hoy se alza el Triunfo de San Rafael. Hace décadas que la posada no acoge a cansados viajeros. En la actualidad es un centro cultural que reparte la celebración de sus actos en uno de los patios más hermosos de la capital.
Frente a este se alza el antiguo hospital de la Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, en su fachada hay un azuelo fechado en 1917 que ensalza la mención de Miguel de Cervantes de este lugar en el Quijote. Este hospital fue fundado en el último tercio del siglo XV, Su construcción modificó considerablemente la disposición de la plaza, que hasta entonces había sido más grande. La fundación, cuyo cometido era auxiliar a los desvalidos, tomó terrenos de un viejo mesón que había haciendo esquina con la calle de Armas. El 30 de julio de 1483, los reyes Católicos Isabel y Fernando, expidieron una real cédula donde ordenaban proteger a los hermanos y cofrades del hospital. Para pertenecer a la institución era obligatorio realizar pruebas de nobleza, de modo que durante los siglos XV y XVI entrar en esta Hermandad era uno de los mayores privilegios que podía tener un cordobés. La fachada exterior mira a un costado de la plaza del Potro a trasvés de un viejo pórtico gótico, enmarcado por dos artísticos arcos. Cegados desde hace décadas, estos dos arcos daban entrada a la iglesia del hospital, en cuya nave central cuelgan en la actualidad los más importantes fondos del Museo de Bellas Artes. Hoy, la entrada a los museos se realiza por una portada contigua de estilo neoisabelino erigida entre 1917 y 1924.
En torno al patio se disponen los Museos de Bellas Aretes de Córdoba y el de Julio Romero de Córdoba. Un poco más de historia del hospital mencionar que en él solo se curaban a hombres y no de todas sus enfermedades. No eran acogidos los enfermos que padecían enfermedades venéreas ni contagiosas. Además, el hospital patrocinaba obras pías para mujeres pobres, huérfanas, desvalidas y deshonradas. Finalmente, en 1837 acabó por cerrar sus puertas y fue absorbido por el Hospital del Cardenal Salaza. Una vez desamortizado, abrió nuevamente sus puertas en 1862 como el mencionado Museo de Bellas Artes.
Los Museos Ambos se deben a figura de Rafael Romero Barros, padre del famoso pintor cordobés contemporáneo Julio Romero de Torres. Su padre llegó a Córdoba en 1862 para hacerse cargo de la conservación del recién creado Museo de Pintura. Nacido en Moguer el 30 de mayo de 1832 y muerto en Córdoba el 1 de diciembre de 1895, hizo algo más que conservar aquel deslavazado museo pictórico. Bajo su compromiso intelectual nacieron proyectos como la escuela de Bellas Artes, el Conservatorio de Música, la Biblioteca Provincial y el Museo Arqueológico, convertidos hoy, al cabo de los años, en referentes de la cultura cordobesa. Rafael Romero Barros compaginó sus compromisos públicos con la puesta en pie de una interesante obra pictórica, y aún tuvo tiempo de educar a sus ocho hijos, entre los que destacaron Rafael, Enrique y especialmente Julio. En el patio del viejo hospital, Romero Barros impartió clases de pintura a un aventajado grupo de alumnos. En uno de los costados estuvo su casa familiar, ocupada hasta 1991 por su nieta María. Hoy este edificio es sede del Museo Julio romero de Torres.
Museo de Bellas Artes En la Plaza del Potro, frente a la Posada del mismo nombre y compartiendo recinto con el Museo Julio Romero de Torres, se encuentra desde 1862 el Museo de Bellas Artes de Córdoba, en la parte más significativa de lo que antes fuera Hospital de la Caridad, establecimiento éste creado en el último cuarto del siglo XV, aunque sus restos arquitectónicos más notables, como la escalera, el patio o la capilla pertenecen a los primeros años del XVI. No obstante, su configuración arquitectónica actual es fruto de diversas modificaciones experimentadas fundamentalmente a lo largo del siglo XX, mediante la adhesión de algunas edificaciones anejas en función de las nuevas necesidades planteadas por las donaciones y depósitos que ha ido recibiendo.En la actualidad el Museo de Bellas Artes de Córdoba exhibe sus fondos distribuidos en seis salas, tres en planta alta y tres en baja, que están dedicadas a mostrar, de manera cronológica y didáctica, la evolución de la pintura y la escultura cordobesa entre los siglos XIV y XX. La visita se realiza comenzando por la planta alta.De ello hay que exceptuar la Sala I que abre el recorrido. Se la denomina Sala de dibujos y estampas y ha sido acondicionada con objeto de poder presentar el variado repertorio de obra sobre papel que conserva el Museo con las máximas garantías de seguridad y conservación, ya que la acción degradante que fundamentalmente la luz ejerce sobre este tipo de obra, supone el que su exhibición haya de hacerse con carácter temporal, por lo que en ella rotan periódicamente exposiciones que normalmente presentan una unidad temática.
En la Sala II se exhibe el Arte cordobés medieval y renacentista, pudiéndose admirar un variado repertorio de obras realizadas entre los siglos XIV y XVI que arranca de la denominada "escuela primitiva cordobesa" y que hasta entroncar en la segunda mitad del XVI con Baltasar del Águila, tuvo en Pedro de Córdoba, Pedro Romana y Alejo Fernández a sus más genuinos representantes. En ella se exhiben dos fragmentos de pinturas murales de mediados del siglo XIV procedentes de la primitiva Catedral de Córdoba, un San Nicolás de Bari de Pedro de Córdoba, una Virgen con el Niño de Pedro Romana, el Retablo del Maestro de la Flagelación procedente del desaparecido Hospital de Antón Cabrera, el famoso Cristo atado a la columna con San Pedro y donantes de Alejo Fernández y varias obras de Baltasar del Águila.La Sala III está dedicada en exclusiva al Arte manierista cordobés y muestra obras de los más destacados artistas locales que llegarían a enlazar con el naturalismo del siglo XVII. Entre ellas una Virgen rodeada de ángeles de Pablo de Céspedes, varios cuadros de singular tamaño -Asunción de la Virgen, Martirio de San Pedro de Verona, etc.- de Juan de Peñalosa, su principal discípulo, y obras de Antonio Mohedano de la Gutierra, Cristóbal Vela Cobo y un Arcángel San Gabriel anónimo.
En planta baja, y ubicada en lo que fue capilla del anti
09:00 Horas: Lugar de Encuentro: Mezquita – Catedral, Puerta del Perdón.
09:00 Horas: Presentación
09:15: Visita a la Mezquita – Catedral.
Mezquita Catedral de Córdoba
La Mezquita Catedral de Córdoba es uno de los conjuntos monumentales más importantes y peculiares de España y de occidente. Se trata de una enorme mezquita árabe a la que se le añadieron postizos en tiempos cristianos, especialmente en el siglo XVI cuando se erigió el templo o catedral cristiana en estilo básicamente plateresco.
La Mezquita árabe La Mezquita de Córdoba no es sólo el símbolo de Al-Andalus, sino un monumento fundamental de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. Es el reflejo artístico del poder de uno de los estados políticos más importante de occidente en los siglos IX y X: el Emirato y Califato de CórdobaLa construcción que ha perdurado es la sucesión de edificaciones iniciada por Abderrahmán I sobre la iglesia cristiana (Época Visigoda) de San Vicente, en la que reaprovechó abundante material, ampliada posteriormente por Abderrahmán II, Alhaken II y Almanzor.La Mezquita de Córdoba es un enorme cuadrilátero de suntuosas arquerías de 24.000 m2 de superficie.Las partes más importantes del edificio son el antiguo alminar o torre, el patio y la sala de oración.
Alminar. El alminar fue levantado por Abderrahmán III y convertido en la actual torre barroca a fines del siglo XVI.
Patio de los Naranjos.El patio original fue ampliado sucesivamente por Abderrahmán III y Almanzor en el siglo X. Los claustros actuales son producto de la remodelación total llevada a cabo en las primeras décadas del siglo XVI. Bajo los naranjos existe un amplio aljibe que aseguraba el agua necesaria para las purificaciones de los musulmanes.
Sala de oración. Etapa de Abderrahman I: Sobre la antigua iglesia de San Vicente, se inician las obras en la novena década del siglo VIII y posiblemente se construiría en un periodo no superior a siete años, de ahí su gran homogeneidad estilística.
El resultado fue una mezquita de once naves creadas a partir columnas de diferente procedencia (romanas, bizantinas, visigóticas...) que soportan arcos de herradura decorativos y pilares que soportan por encima los arcos estructurales de medio punto, creando una original arquería superpuesta de arcos de sillería blanca y ladrillo rojo.Etapa de Abderrahman II: Durante el reinado de este emir cordobés (821-852) y en momentos de paz y prosperidad se añaden siete tramos más a la mezquita de Abderrahmán I, ampliándola considerablemente hacia el sur. Los soportes siguen siendo viejas columnas visigodas reaprovechadas, aunque también aparecen los primeros capiteles árabes de modelo corintio.Etapa de Alhakén II (961-976): se vuelve a ampliar la mezquita. alargando doce tramos de la sala de oración. Las arquerías repiten básicamente el modelo de Abderrahmán I aunque también surgen arcos polilobulados entrecruzados. En ella hay que destacar la cúpula de la antigua capilla de Villaviciosa, así como la que precede del mihrab, recubierta de rico mosaico. Alternan los capiteles corintios y compuestos, así como los fustes de mármol azul y rosa. El lujo de la decoración se concentra en la capilla del mihrab, destacando los suntuosos revestimientos de mosaico. El interior del mihrab se cubre con una enorme concha de yeso de gran valor decorativo. Inscripciones en loor del califa fechan esta obra en 965.Etapa de Almanzor: La extensa ampliación de Almanzor sobre la Mezquita, llevada a cabo entre 987 y 990, no ofrece ya novedades arquitectónicas y se considera un alarde para afirmar su poder político.
La Catedral Cristiana
La Mezquita de Córdoba es convertida en catedral cristiana en 1236, tras la conquista de la ciudad por Fernando III. Desde entonces se iniciaron reformas parciales adicionando capillas y otros elementos cristianos.Los Reyes Católicos permitieron la construcción de una Capilla Mayor y ya en el siglo XVI durante el reinado de Carlos V se edificó, no sin grandes oposiciones, la actual catedral cristiana dentro de las naves de la antigua mezquita.Concretamente las zonas afectadas fueron las de Abderrahman II y Almanzor.El edificio lo inició en 1523 Hernán Ruiz el Viejo con permiso expreso del emperador Carlos V y se desarrolló a lo largo del siglo XVI, pero no se terminaron las obras hasta 1766.El resultado en un edificio que suma estilos desde el gótico final, plateresco, renacentista y barroco.Tiene nave y crucero, con planta de cruz latina. Los arcos son todavía góticos (apuntados), la ornamentación plateresca y la cúpula renacentista.Elementos destacables son el Altar de mármol rojo, la sillería del coro y el tesoro de la Catedral.El antiguo alminar islámico fue "forrado" con envoltura barroca
11:00 Horas: Recorrido por la Judería Introducción
La judería es un encantador barrio blanco lleno de flores que queda como testimonio del núcleo judío que existió ya en la época romana y visigoda y que llegó a ser un importante reducto intelectual en tiempos de Abderramán III cuando se atrajeron a la corte filósofos, científicos y poetas. En esta época de esplendor nació Maimónides, en 1135, que, expulsado por los moros en su juventud, viajó por el mundo estudiando medicina y religión. Ocho siglos tomó a los cordobeses erigir un monumento a este hijo errante, haciéndolo aquí, en su barrio, en 1965, en la pequeña plaza de Tiberias, donde en verano las mesas del restaurante de la plaza rodean a este sabio.
Asimismo en su parte occidental, combinando estanques y jardines, se rinde homenaje a otros dos ilustres cordobeses: Séneca, el escritor y filósofo romano (año 4 a.C- año 65 d.C), cuya estatua, sufragada por el torero Manuel Benitez, El Cordobés, está situada en una encantadora plaza, junto a la Puerta de Almodovar y la estatua de Averroes en la calle de la Muralla.
En la Calle de los Judíos se encuentra la Sinagoga, construida en 1315. Es una de las pocas que en España han conservado su estructura original, con la galería de las mujeres, el Arón, donde se guardaban los rollos sagrados de la Ley y su profusa decoración mudéjar. Las casas colindantes se supone que fueron edificios anejos de la misma, como la Escuela Talmúdica.
Además en este laberinto de calles encontramos el Zoco, donde se reúnen las tiendas de artesanía y, en verano, un tablao flamenco; la Capilla de San Bartolomé, gótico-mudéjar, con su bella y extraña combinación de elementos decorativos, la Casa del Indiano, mudéjar e isabelina y los minaretes que conservan la Iglesia de San Juan y el Convento de Santa Clara, ambas del s. XI. En último lugar, destacar los Baños Árabes de la calle de Comedias y el Museo Municipal Taurino, que expone trofeos, trajes y carteles de eminentes toreros cordobeses como Lagartijo, Machaco, Guerrita, Manolete y El Cordobés, recientemente nombrado V Califa de toreo junto a los ya nombrados. Recorrido Comenzamos nuestro paseo por la calleja de las Flores, rincón más pintoresco del barrio viejo de la judería, situado en las inmediaciones de la Mezquita, en la Calle Velásquez Bosco, arquitecto contemporáneo cordobés muy relacionado con la propia Mezquita.
En las paredes de la mencionada calle cuelgan numerosas macetas y a sus píes hay arriates donde crecen jazmines, rosales y madreselvas. La calleja deriva en una plazoleta sin salida desde donde se divisa una bella estampa de la torre catedralicia. Continuamos desde la calle Velásquez Bosco hasta la plaza de Blanco Belmonte, donde destaca la sede del Centro de Arte Dramático de Córdoba, para adentrarnos en la renovada calle Céspedes, pintor y humanista cordobés del siglo XVI, y desde allí penetrar por el callejón de la Hoguera, rincón encalado donde al entrar se tiene la sensación de estar pisando un patio particular. A uno de sus lados toman asiento la Mezquita de los Andaluces y la Universidad Islámica Internacional Averroes de Al – Andalus. La estrecha vía conduce a una estrecha plaza cuadrada y con soportales, íntima y umbría, a uno de cuyos lados se abre un arco de piedra que conduce a la plazoleta del pintor Miguel del Moral. El número 6 de la plaza tiene una ventana pequeña donde se atisba el patio íntimo donde vivió el pintor, que ilustró con sus dibujos y grabados los poemas de la célebre revista cordobesa cántico. Dos metros más abajo antes de desembocar en la calle Deanes, hay una columna que remata una esquina donde hay una inscripción tallada que reza: “Yo soy de don Luis de Góngora, año 1.627”. La columna procede de la casa donde murió el poeta, en la plaza de la Trinidad.
El recorrido continúa por la mencionada calle de Deanes, donde hoy se concentra numerosos establecimientos turísticos, propios del nefasto mercado desordenado que ensombrece la maravillosa calle. Deanes es un de los lugares por excelencia donde contemplar a medianoche el paso de los famosos pasos de la Semana Santa cordobesa. Hacía la mitad de la calle nos adentramos en la calle Romero, pasando por dos de los ejemplos más representativos de la Córdoba gastronómica, Pepe de la Judería y el Churrasco, para desembocar en la Plaza del Cardenal Salazar, en la que destaca el Hospital que da nombre a la misma.
El Hospital fue una fundación del Cardenal Obispo de Córdoba, don Pedro Salazar de la orden de la Merced. Siendo concebido a priori como un centro educativo destinado a los niños pobres donde se les inculcaría una formación musical para así dotar a la Catedral de una capilla de música. Para tal efecto adquirió las antiguas casas solariegas que habían pertenecido a Don Antonio Carlos del Corral, las cuales estaban adosadas a la Iglesia de don Bartolomé (Siglo XV). Se iniciaron las obras en 1701 caracterizándose por la solidez de la obra. La capilla de la Iglesia quedó finalmente encuadrada en el interior del edificio que en la actualidad se emplaza en este edificio a Facultad de Filosofía y Letras. Mención especial en esta plaza merece también la Iglesia de San Pedro Alcántara. Convento y hospital que terminó de construirse en el año 1.699 por Luís de Rojas y Baltasar de los Reyes. Este convento, que utilizó para su construcción materiales de los baños califales del antiguo palacio de los Omeyas, que fue parcialmente destruido y trasladada su portada ojival al convento de la Merced, hoy Diputación Provincial.
A continuación bajando por la calle San Bartolomé llegamos a la plaza de Maimoides, (filósofo judío) que configura un cruce de caminos donde las callejas estrechas y umbrías dan sentido histórico y estético a la Judería. En esta plazoleta asimétrica se alza el Museo Taurino inaugurado en 1955 en una vieja mansión señorial del siglo XVII que fue sede a principios del siglo XX de un Museo de Artesanía cordobesa. En otro de la Plaza se halla la casa solariega de los Condes de Hornachelos y dentro del hotel NH Amistad podemos contemplar un patio porticado con capiteles de época romana, visigoda y árabe.Muy próximo a todo ello visitamos el Zoco.
Un callejón estrecho, enmarcado por tres arquillos, conduce hasta el Zoco municipal, creado en 1954 por el alcalde Antonio Cruz Conde y el arquitecto José Rebollo, para reunir a los artesanos de la ciudad. El Zoco ocupa a parte de la primitiva Casa de las Bulas, del siglo XVI. El callejón conduce a un patio a cuyos lados se abren los negocios artesanales de plateros, artesanos y curtidores del arte del cordobán. Al final del Zoco hay otro arco que mira a la calle Averroes, donde se sitúa el Oratorio de San Bartolomé, y más cuesta arriba el Hospital del Cardenal Salazar.
Junto a esta plaza en la calle Judíos se sitúa la Plaza de Tibiriades, presidida por la figura de Maimonides, una escultura sedente realizada en bronce por el escultor Amadeo Ruiz Olmos inaugurada en 1964. El pie de la escultura esta descolorido por las miles de manos que se han posado sobre él. De la plaza parte la calle Judíos, blanca recta y disciplinada. Sus casas tienen hendiduras a mitad de la fachada que permitía hasta hace pocas décadas el transito de carruajes. Al finalizar la calle, que hace esquina con la Puerta de Almodóvar, vemos una Inscripción que recuerda el nacimiento el 3 de febrero de 1879 del historiador Antonio Jaén Morente, que en su libro Historia de Córdoba rememora el paso que la comunidad hebrea tuvo en la ciudad en el siglo X y asegura que en el año 948 “fijan los escritores hebreos el traslado a Córdoba de las academias judías que existían en Oriente, creando así la primera escuela de estudios talmúdicos”. De aquel pasado que retrotrae la memoria a Sefrad da cuenta la sinagoga que abre sus puertas en la calle judíos y que a continuación visitaremos.
La Sinagoga
Se construyó en el año 1315 (5075 del calendario judío) en estilo mudéjar por alarifes dirigidos por Isaq Moheb.Consta de un patio al que se accede desde la calle y que da paso a un vestíbulo seguido de la sala de oración. Del lado oriental del vestíbulo arranca la escalera que lleva hasta la galería para las mujeres; dicha galería se conecta con la sala de oración mediante tres balcones decorados con arquillos polilobulados. La sala de oración es de planta casi cuadrada con 6'95x6'37 m.; tiene cubierta de artesonado y alcanza una altura de más de 6 metros; en su lado oriental se abre el tabernáculo, espacio reservado para la Torá y coronado con arco de grandes lóbulos, enmarcado en un alfiz; alrededor se dispone decoración de lacería.
El lado opuesto al tabernáculo presenta un pequeño nicho con arco polilobulado y apuntado, donde estuvo el retablo de Santa Quiteria.La decoración en yeso, con motivos mudéjares, se ha perdido hasta unos dos metros de altura, dejando a la vista el ladrillo de su fábrica.Luego de la expulsión de los judíos en 1492 el edificio se dedicó a diversas funciones: hospital de hidrófobos de Santa Quiteria, Ermita de San Crispín del gremio de los zapateros y escuela de párvulos hasta que fue declarado Monumento Nacional en 1885.Desde entonces pasó por varias fases de restauración como la de Félix Hernández en 1929 y las iniciadas en 1977 hasta llegar a la reapertura del edificio en 1985 con motivo de la celebración del 850 aniversario de nacimiento de Maimónides.Solo a unos pasos de La Sinagoga visitamos la mejor representación que perdura de una vivienda en la época dorada de Córdoba, La Casa Andalusí. Recuperada a mediados del siglo XX y devuelta a la grandeza que debió de poseer en sus mejores días, su patio es un remanso de paz envuelto de una decoración mudéjar propia de la época, y que nos permitirá visualizar a la perfección las construcciones de la época.
El siguiente punto de nuestro recorrido es la Puerta de Almodóvar, una de las doce entradas que tuvo la ciudad en la época medieval, tras ella podemos ver la estatua de Séneca La talla en piedra fue labrada por el escultor Amadeo Ruiz Olmos y se dice que a la hora de esculpir se inspiró en el tabernero Paco, El Rubio, un popular vecino de la judería. La escultura fue costeada por el diestro Manuel Benítez, El Cordobés e inaugurada en 1965, coincidiendo con un congreso de filosofía sobre la obra del patricio romano. Descendiendo por la calle Cairuan vamos contemplando los restos de la muralla que en su día rodeaba la ciudad medieval, Medina. Las murallas de Córdoba han sufrido a sufrido a lo largo de su historia cambios en cuanto a su extensión y utilización de materiales. Son un reflejo que tras ella habitaba, son u símbolo de la ciudad, separando lo rural de lo urbano. Si bien al principio constituían un elemento imprescindible para la supervivencia de la urbe, a partir del siglo XVI van perdiendo progresivamente su función defensiva, llegando finalmente a ser un elemento estrangulador de la creciente expansión de la ciudad, por lo que se fue derribando conservándose en la actualidad pequeños vestigios como el que presenciamos.
Al finalizar la calle llegamos a una plaza que acoge la escultura del filósofo y médico Averroes, situada junto a la puerta que da acceso a la calleja de la Luna, uno de los más bellos rincones de la judería. La pequeña plaza esta presidida por una fuente mural dedicada al dios heleno Pan, protector de los pastores. En el flaco izquierdo se abre un pequeño arquillo que da acceso a una calleja aprisionada por dos palacios nobiliarios. A la derecha se alza la espalda encalada de la Casas de las Pavas, cuya fachada rnacentista mira a la calle Tomás Conde. A la izquierda queda el palacio de Villaceballos, cuyos muros están protegidos por sillares y ladrillos. Al final de la serpenteante calleja se admira la portada barroca del palacio. Saliendo del laberinto que constituye la judería, llegamos al Campo Santo de los Martires, lugar en donde se ubicaba en época Omeya andalusí parte del Alcázar, conjunto arquitectónico palaciego, al cual pertenecían los baños califales, que a continuación visitamos.
Los Baños Califales
Construidos en la época de Al-Hakan II debieron pertenecer a un edificio adosado al palacio; aparecieron por primera vez durante unas obras realizadas en el año 1.691, utilizándose parte de los materiales encontrados para la construcción de otros edificios. Volvieron a cubrirse hasta que, en el año 1.903, se realizaron nuevas excavaciones para recuperar dichos restos, excavaciones que no pudieron continuarse por impedimentos de la Junta de Sanidad. En el año 1.961 comienza la labor arqueológica propiamente dicha, aunque con sucesivas paralizaciones.
En Córdoba aún existen restos de otros baños construidos entre los siglos X al XV: calle Céspedes (siglo X); calle Carlos Rubio (siglo XII); antigua calle de la Pescadería (siglo XII), en el Alcázar de los Reyes Cristianos y en Medina Azahara. La visita se realiza guiada por las diferentes etapas que componen este tradicional ritual.Con la visita a los Baños Califales concluimos el paseo por la judería.
12:30 Horas: Visita al Alcázar de los Reyes Cristianos
El Alcázar de los Reyes Cristianos
Emplazado en el mismo lugar en que estuvo la Aduana de la Bética o "Telonium". Más tarde lo habitaron los visigodos, sucediéndoles, a su vez, los árabes. Cuando Fernando III conquistó Córdoba cedió, al obispado, parte de los terrenos del Alcázar árabe y otra parte a los frailes agustinos; que se mantuvieron en el lugar hasta ser desalojados por Alfonso XI para acometer la reconstrucción del Alcázar. En 1.359 comienzo a ser conocido como Reales Alcázares. Enrique IV convierte la fortaleza en palacio, incorporando patios, jardines y baños de tradición musulmana. Durante el reinado de los Reyes Católicos se levantó la Torre de la Inquisición instalándose, en ella, el tribunal del Santo Oficio. Desde aquí gobernaron Castilla, recibieron al Gran Capitán y a Cristóbal Colón y prepararon la conquista de Granada. Según se cuenta, en una de sus salas se dictó, por las Reyes Católicos, la "Ley de las Holgazanas", que privaba a las mujeres cordobesas de sus bienes gananciales, por lo que muchas iban a casarse a la cercana aldea de Alcolea. Esta prohibición no se levantó hasta el reinado de Carlos III. La capilla barroca se construyó en siglo XVII.
Después de la conquista de Granada, los Reyes Católicos cedieron el edificio al Tribunal del Santo Oficio, que lo utilizó hasta su abolición en 1.821 pasando, posteriormente, al Consejo de la Ciudad que continuó su uso como cárcel hasta la segunda república y, más tarde, como prisión militar. En este siglo, en la década de los sesenta, el Ayuntamiento lo recupera para la ciudad, restaurándolo para incorporarlo al tesoro cultural de Córdoba.
Podemos contemplar en una de sus galerías, un gran sarcófago romano, correspondiente al arte funerario del siglo II, encontrado en la Huerta de San Rafael, hoy barrio de Santa Rosa, en el año 1.958, así como una magnífica colección de mosaicos, igualmente romanos, hallados en la Plaza de la Corredera en 1.959. Todo el conjunto es digno de una detallada visita, destacando sus torres cubiertas por bóvedas ojivales con magnífica crucería. Pueden visitarse los baños de vapor árabes, con un gran depósito central de agua y piletas a cada lado. Ya en los jardines, encontramos el llamado Patio Morisco, de estilo mudéjar, decorado con zócalos que llevan las armas de Castilla y de León. También siguen el estilo mudéjar las albercas que se comunican entre sí.
En el patio del Alcázar se celebró la primera corrida de toros de la que se guarda prueba documental en la ciudad.
Detrás del Alcázar está el barrio del Alcázar Viejo o de San Basilio. Podemos entrar en él siguiendo la calle donde se encuentra el edificio de las que fueron las caballerizas del palacio. Visita muy breve. Este barrio, perfectamente delimitado, luce bellos patios populares que pueden visitarse en el mes de mayo. En 1570, Felipe II dio rienda suelta a su afición por los caballos y a su proyecto de crear el pura raza español. Para ello mando construir las Caballerizas Reales en una parte del solar del Alcázar. Comparte con la fortaleza real el marcado carácter militar. En este atractivo edificio se crió el caballo español, también llamado andaluz, de ascendencia árabe. La estancia principal, cuya cubierta de bóveda de arista es soportada por columnas de piedra arenisca, está dividida en pequeñas cuadras.
Concluiremos la mañana antes de regresar a nuestro punto de partida con una rápida visita a las caballerizas reales y pasando frente a singulares edificios de la zona como el Seminario de San Pelagio, Hospital de San Sebastián, el Palacio Episcopal y el Museo Diocesano.
Seminario de San Pelagio Fue fundado en 1.583 por el obispo don Antonio Mauricio Pazos. Los colegiales asistían a las clases del colegio de los jesuitas hasta la exclaustración de estos. El obispo Caballero Góngora que protegió las artes y las letras en plena Ilustración, (1.788-1.796), hizo del Seminario un centro de pensamiento y cultura. Ha sufrido profundas modificaciones a lo largo de los siglos siendo las más importantes las realizadas en el siglo XVIII, época de la que data la escalera de mármol negro y adornos rococó, la capilla y el patio. Actualmente se encuentran en él las dependencias del obispado, una casa para sacerdotes jubilados y la Escuela de Magisterio de la Iglesia.
Hospital de San Sebastián El edificio, ahora Palacio de Congresos, colindante con el Palacio Episcopal y como él edificado sobre los restos del Alcázar de los Omeyas en el año 1.512 fue, hasta el año 1.816, un hospital llamado de San Sebastián; a partir de esa fecha se convirtió en Casa de Expósitos primero y en Casa Cuna después hasta que, en los años cincuenta, quedó vacío y pasó a otros usos públicos. La portada, del 1.516, es de estilo gótico humanista. En este hospital falleció, en 1.591, el historiador cordobés Ambrosio de Morales. Uno de sus colaboradores fue el pintor cordobés Pablo de Céspedes, autor del cuadro "La última cena", lleno de simbolismos sobre la medicina natural y conservado, actualmente, en la Catedral.
Palacio Episcopal Situado frente a la fachada occidental de la Mezquita se edificó sobre los restos de un palacio visigodo, después alcázar califal de los Omeyas cordobeses. Desde la Reconquista, hasta nuestros días, ha sido la sede de los obispos de Córdoba. A mediados de los años ochenta se traslada la residencia del obispo al seminario de San Pelagio, en la aledaña calle Amador de los Ríos, convirtiendo, la antigua sede episcopal, en Museo Diocesano. La primera reforma importante del palacio se hizo en el siglo XV, con una construcción de estilo ojival de la que solo quedan dos ventanas. En el siglo XVII se reformó la fachada sur, con un gran patio, en el que, en excavaciones recientes, se encontraron restos del muro de cerramiento del palacio árabe. En esa fecha se derribó el pasadizo de arquillos que lo unía a la Mezquita. En los siglos XVIII y XIX se le añadieron la portada sur, la biblioteca, las cuadras y los jardines. La capilla, de finales del XVIII, tiene unos bellos retablos barrocos, tres de ellos del escultor sevillano Pedro Duque Cornejo y dos del cordobés Alonso Gómez de Sandoval. Ya en 1.961, y en el cercano Jardín de los Mártires, se realizaron unas excavaciones que dieron como fruto la recuperación de una parte del Palacio Califal y los baños del Alcázar.
Museo Diocesano Inaugurado en el año 1.988, en sus salas se recogen tesoros, anteriormente guardados en muchas iglesias de Córdoba, desde la Edad Media hasta nuestros días; esculturas, mobiliario, libros, piezas de culto y pinturas, entre las que sobresalen las de Antonio del Castillo y Valdéz Leal; posee, además, una buena colección de tapices, destacando los regalados por el obispo don Leopoldo de Austria en el siglo XVI. Hay varias obras del pintor Julio Romero de Torres.
14:30 Horas: Fin de las visitas programadas para la mañana.Servicio opcional: Aperitivo - Comida
16:00 Horas: Lugar de encuentro: Mezquita – Catedral, puerta del Perdón.
Nos dirigimos hacia la ribera del río Guadalquivir por el lateral izquierdo del templo, acercándonos hacía la mitad de la calle a la calleja de Pedro Jiménez, popularmente conocida como del pañuelo, otro de los rincones inolvidables de la judería cordobesa. El mencionado sobrenombre, responde a su estrechez es similar a las dimensiones de un pañuelo de hombre extendido por los picos. Al entrar en ella el viajero tiene la sensación de perturbar un espacio íntimo y privado. No es así. La calleja del pañuelo cobija en su interior un ágora pública, aunque es considerada la plaza más pequeña del mundo. Su planta es asimétrica y está encalada. De sus arriates brotan los troncos de dos naranjos que buscan la luz por encima de una fuente mural de la que cae un hilo de brocal rojizo de origen árabe. Sólo hay tres puertas, y todas ellas guardan una estricta proporción con la plaza a la que abren. Tras finalizar la calle que iniciamos antes de desviarnos, llegamos a la Puerta del Puente, que originariamente formaba parte de las murallas de la ciudad.
En 1571 fue reformada por Hernán Ruiz III, quien proyectó una majestuosa construcción. Sus cuatro columnas estiradas soportan el peso de un entablamento donde hay una inscripción conmemorativa de una visita del Rey Felipe II. En 1912 la puerta fue liberada de las edificaciones adosadas a sus lados. Años después sus restauradores repiten en la parte interna puerta, que mira hacia el muro sur de la mezquita, todo el esquema constructivo del pórtico. Sus pilares reposan en el nivel en que fue erigido en el último tercio del siglo XVI. Al lado se alza el Triunfo de San Rafael, una de las construcciones más populares de Córdoba. Erigido entre 1765 y 1781 según un diseño del Arquitecto Miguel Verdiguier. La base evoca las fuentes de la Plaza Navona de Roma. La base del Triunfo representa un monte accidentado donde tienen cabida los grandes símbolos de la ciudad cordobesa. Sobre ellos se erige un castillete a cuyos pies reposan las esculturas de piedra de los Santos Acisclo, Bárbara y Victoria. La columna, rematada por un capitel corintio, sostiene la imagen de San Rafael Arcángel.
A continuación y mientras pasamos por el soneto de Luis de Góngora a Córdoba, contemplamos el Puente Romano y a su derecha el Molino de la Albofaila. Soneto a Córdoba ¡Oh excelso muro, oh torres coronadasde honor, de majestad, de gallardía!¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,de arenas nobles ya que no doradas!¡Oh fértil llano, oh sierras levantadasque privilegia el cielo y dora el día!¡Oh siempre gloriosa patria mía,tanto por plumas cuanto por espadas!Si entre aquellas ruinas y despojosque enriquece Genil y Dauro bañatu memoria no fue alimento mío,nunca merezcan mis ausentes ojosver tu muro, tus torres y tu río,tu llano y sierra, ¡oh patria!, ¡oh flor de España! El río Guadalquivir desciende por los sotos de la Albofaila, un espacio natural protegido salpicado de viejos molinos, islas, y una tupida vegetación donde anidan más de un centenar de especies distintas de aves. El molino de la Albofaila, situado a orillas del río en las proximidades de los murallones de Alcázar de los Reyes Cristianos figura en el escudo de la ciudad. El molino tenía como misión suministrar agua de los jardines del baluarte cristiano hasta que Isabel la Católica mandó desmontar su rueda, según se cuenta por que no le permitía dormir con comodidad. Sobre el Guadalquivir, se alza desde el siglo I a. C. el Puente Romano, mandado construir entonces, durante el gobierno de Julio Cesar. De su fábrica romana solo quedan los pilares. Fue reconstruido en época omeya y fortalecido tras la Reconquista. En 1867, el ingeniero Luis Sainz Gutiérrez le dio el aspecto que luce en la actualidad. En el centro del puente, sobre el perfil, se alza una escultura de San Rafael Arcángel, realizada en 1651 por Bernabé Gómez del Río.
Esta imagen del santo custodio es una de las más veneradas de Córdoba. A sus píes los vecinos del Campo de la Verdad colocan flores y velas rojas. El puente tiene una longitud de 230 metros y esta sostenido por 16 arcos. Al final del Puente Romano vemos la torre de la Calahorra. Puerta de entra al barrio del Campo de la Verdad, conocido así por ser el lugar donde los mártires de Córdoba como San Álvaro fueron ejecutados, durante las persecuciones contra los cristianos en época romana. La fortaleza toma asiento en el mismo lugar donde en época califal se levantaba un torreón que ejercía de llave de la antigua ciudad. De aquella época no quedan más que los cimientos.
El monumento actual es de época cristiana. En 1369 Enrique II mandó unir con dos torreones cilíndricos los dos primitivos cuerpos cuadrados que flanqueaban un arco de entrada. Los muros son de gran grosor y están cosidos a soga y tizón. Desde la azotea almenada se divisa una de las más hermosas vistas de la ciudad. En efecto, en la otra orilla del río se observa el crucero de la catedral, las torres de las diferentes iglesias de la ciudad, sus cúpulas, los edificios más altos y la sierra.
La torre de la Calahorra he desempeñado diferentes funciones a lo largo de su historia. En el siglo XVIII ejerció de cárcel de la prisión de la nobleza cordobesa. Posteriormente fue cuartel de las tropas y de la Guardia Civil. Mediado el siglo XIX, acogió una escuela de niñas tras una concienzuda restauración llevada a cabo por el arquitecto local Rafael Luque. Décadas después fue sede del Museo Histórico de la ciudad, hasta que finalmente fue erigida sede de la Fundación Roger Garaudy para ubicar una exposición permanente que lleva por título Córdoba, puente entre Oriente Occidente. En sus salas destacan los bustos de los sabios Averroes, Maimonides, Ibn al`Abari y Alfonso X el Sabio, que dictan a sus visitantes sus sentencias y aforismos. En otras salas destacan maquetas de Córdoba en el siglo X.
Continuamos por la ribera del río, contemplando el mismo, viendo no muy lejos el meandro que realiza en la ciudad y el nuevo puente de miraflores, de reciente construcción. A los pies de este llegamos a la Cruz del Rastro que parte de la calle San Fernando, que dividía con sus murallas en época musulmana la medina (ciudad) y la Axerquía (resto de la ciudad, periferia). Adentrándonos en ella, visitamos en primer lugar, tras pasar por el arco del portillo. Este arco da paso a una entrada a una ciudad secreta, levantada sobre los perdidos barrios de los mercaderes. Sus calles son serpenteantes y umbrías. Las casonas que aquí encuentran acomodo se abren a patios decorados con pozos, jazmines y limoneros. En ocasiones, las copas de las yedras y las buganvillas superan los muros íntimos de las viviendas y escapan buscando la calle. Reina el silencio, pues la mayor parte de este disfrazado laberinto, por suerte, peatonal. La calle Cabezas desciende hasta la parte trasera del palacio de los marqueses del Carpio.
De esta calle sale entre un conjunto de casonas solariegas la calleja de los Arquillos. En la misma, reside una leyenda que es también inspiración literaria. La calleja está cerrada por una verja de hierro que protege los muros de ladrillo visto, el pavimento empedrado y los cuatro arcos que la cruzan transversalmente. Una lápida que hay a la entrada aclara en parte su misterio: “Dos insignes historiadores cordobeses, Aben Hayan, Ambrosio de Morales y un cantar de gesta castellano nos dicen que en el año 974 en esta casa estuvo preso el señor de Salas Gonzalo Gustioz y que tiene las cabezas de sus hijos, los siete infantes de Lara, muertos en los campos de Soria, fueron expuestos sobre estos arcos. Verdad y leyenda venerable, de fama multisecular en toda España”.
El texto se atribuye al historiador Ramón Menéndez Pidal, que también recuerda la inspiración literaria que esta leyenda encontró el Duque de Rivas a la hora de escribir su obra El moro Expósito, un poema épico que hilvana a través de las letras de las civilizaciones musulmana y cristiana de la Edad Media por medio de dos ciudades (Córdoba y Burgos) y dos linajes (el de los siete infantes de Lara y de Mudarra, hermano de estos y sobrino de Almanzor). Otras posturas sobre estos mismos hechos relatan una versión contraria: La denominación de Casas de las Cabezas viene dada por un tradicional error, pues se pensaba que fue aquí donde trajeron las cabezas cortadas de los Siete Infantes de Lara, para ser presentadas ante su padre, Gustios González. La Leyenda cuenta como uno de los hijos de este mata accidentalmente en una boda al primo de la novia, quien pide venganza a su marido, Ruy Velásquez.
El esposo trama un engaño mediante el cual Almanzor, que vivía en Córdoba, mata a os siete hijos de Gustios González mientras este cae prisionero del general árabe. Se dice, que al presentar las cabezas de sus hijos al preso, éste mostró tanto dolor que por piedad fue liberado. El engaño de Ruy Velásquez fue descubierto y vengado por el hermanastro de los infantes años más tarde. Mudarra era el nombre del hijo que Gustios González engendró con la hermana de Almanzor durante su cautiverio en Córdoba y que finalmente hará justicia para con sus hermanos. Volviendo sobre nuestros pasos, regresamos a la calle San Fernando, que tomó el nombre del conquistador de la ciudad a parir de 1862, año en que el ayuntamiento cambia la nomenclatura de buena parte del callejero cordobés. La calle, a la que todos conocían y siguen conociendo como calle de la Feria, es una de la más alargadas y rectas de la ciudad.
Se extiende desde la citada Cruz de Rastro, hasta el inicio de la curva que forma la calle Diario Córdoba. Antes de visitar la iglesia de San Francisco y San Elogio nos da la bienvenida un pórtico barroco erigido en 1782, con una hornacina vacía que da entrada al compás de San Eulogio. En él de cara a la iglesia, toma asiento un pequeño jardín creado en 1927 en homenaje al gremio de plateros, el sector artesanal más numeroso y pudiente de la industria cordobesa. En la fachada de la iglesia hay una fuente mural de estilo neobarroco donde se ha reproducido en azulejos el cuadro La virgen de los plateros de Juan de Valdés Leal, cuyo original se exhibe en el cercano Museo de Bellas Artes y que más tarde visitaremos. Bajo su estampa están grabados los nombres de los más famosos plateros que ha dado la historia de Córdoba, desde el judío Juda ben Borla hasta el tallista barroco Damián de Castro. La antigua iglesia convento franciscano de San Pedro el Real fue consagrada como parroquia en 1877 bajo la advocación de San Francisco San Eulogio. El templo pertenece a las fundaciones fernandinas. Posiblemente, en este mismo lugar debió de hallarse una de las coránicas más importantes de la córdoba árabe. La iglesia ha pasado por dos etapas constructivas claramente diferenciadas. La primera está datada a finales del siglo XIII.
A ella pertenece la fábrica medieval de la que subsisten los tres ábsides de la cabecera y el crucero. En el primer tercio del siglo XVII el templo fue objeto de una profunda reforma. El cabildo de entonces aprueba reformar según los postulados del Barroco, hasta el punto de que nada recuerda, al menos en la nave ni en la cúpula central, que este lugar fuera un templo gótico. La portada que mira al compás de San francisco esta realizada en mármol gris. Sus tres cuerpos decrecientes están profusamente labrados. En el cuerpo intermedio destaca una talla en mármol blanco que representa a San Fernando. La única nave del interior, dividida en siete tramos, está cubierta por una bóveda de cañón con lunetos que ocultan los primitivos ventanales góticos. A la izquierda, en el lado del evangelio, hay altares, mientras que a la derecha, en el lado de la epístola, hay capillas. El crucero está coronado por una gran cúpula decorada con yeserías, sostenida por cuatro recargadas pechinas. La cabecera acoge los tres ábsides poligonales del viejo templo medieval. El de la izquierda muestra la autenticidad de la piedra desnuda así como las originales bóvedas y nervaduras fernandinas. El ábside central acoge el presbítero donde se alza un gran retablo dorado, encargado en 1720 a Teodosio Sánchez de Rueda. Entre las columnas salomónicas hay dos hornacinas que contienen la imagen de Nuestra Señora de la Aurora y, por encima, un crucificado. La obra más temprana del pintor sevillano Juan de Valdés Leal se muestra en el lado izquierdo del altar mayor. El lienzo, fechado en 1647, representa a San Andrés.
A pocos pasos de este lugar, en el pilar derecho del crucero, se alza el retablo de San Eloy, patrón del gremio de plateros, que aquellos artesanos lo mandaron erigir en 1754. Las capillas de al lado de la epístola acoge un copioso muestrario de imaginería religiosa. La imagen de la Virgen del Pilar es contigua a la de la Virgen de la Cabeza, a uno de cuyos lados se exhibe el enigmático lienzo La prensa mística, donde un Cristo Crucificado chorrea sangre por sus heridas y las vierte sobre hombre y mujeres que padecen la incertidumbre del Purgatorio. El lienzo es Agustín del Castillo y está fechado a comienzos del siglo XVII. En la capilla contigua se venera una armoniosa talla que representa a Cristo en la oración en el Huerto, creada por el círculo de Pedro de Mena allá por 1670. Entre los altares del lado del evangelio destaca el consagrado al Ecce Hono. En la hornacina principal se alza un busto atribuido a la Roldana. De aquí nos dirigimos a través de la calle Lucano, filosofo romano, a la plaza del potro. La historia de la plaza esta emparentada con el Siglo de Oro español. Por aquellos tiempos el Potro era asiento de posadas y mesones, donde paraban arrieros, tratantes y mercaderes atraídos por unos de los mejores mercados de caballos y mulas que se celebraban por entonces. La fuente renacentista que preside la plaza fue labrada en 1577, bajo el reinado de Felipe II. El corregidor Garci Suárez de Carvajal mandó construirla para abastecer de agua potable al vecindario. Hasta 1847 ocupó el lado opuesto de la plaza, donde hoy se alza el Triunfo de San Rafael. Hace décadas que la posada no acoge a cansados viajeros. En la actualidad es un centro cultural que reparte la celebración de sus actos en uno de los patios más hermosos de la capital.
Frente a este se alza el antiguo hospital de la Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, en su fachada hay un azuelo fechado en 1917 que ensalza la mención de Miguel de Cervantes de este lugar en el Quijote. Este hospital fue fundado en el último tercio del siglo XV, Su construcción modificó considerablemente la disposición de la plaza, que hasta entonces había sido más grande. La fundación, cuyo cometido era auxiliar a los desvalidos, tomó terrenos de un viejo mesón que había haciendo esquina con la calle de Armas. El 30 de julio de 1483, los reyes Católicos Isabel y Fernando, expidieron una real cédula donde ordenaban proteger a los hermanos y cofrades del hospital. Para pertenecer a la institución era obligatorio realizar pruebas de nobleza, de modo que durante los siglos XV y XVI entrar en esta Hermandad era uno de los mayores privilegios que podía tener un cordobés. La fachada exterior mira a un costado de la plaza del Potro a trasvés de un viejo pórtico gótico, enmarcado por dos artísticos arcos. Cegados desde hace décadas, estos dos arcos daban entrada a la iglesia del hospital, en cuya nave central cuelgan en la actualidad los más importantes fondos del Museo de Bellas Artes. Hoy, la entrada a los museos se realiza por una portada contigua de estilo neoisabelino erigida entre 1917 y 1924.
En torno al patio se disponen los Museos de Bellas Aretes de Córdoba y el de Julio Romero de Córdoba. Un poco más de historia del hospital mencionar que en él solo se curaban a hombres y no de todas sus enfermedades. No eran acogidos los enfermos que padecían enfermedades venéreas ni contagiosas. Además, el hospital patrocinaba obras pías para mujeres pobres, huérfanas, desvalidas y deshonradas. Finalmente, en 1837 acabó por cerrar sus puertas y fue absorbido por el Hospital del Cardenal Salaza. Una vez desamortizado, abrió nuevamente sus puertas en 1862 como el mencionado Museo de Bellas Artes.
Los Museos Ambos se deben a figura de Rafael Romero Barros, padre del famoso pintor cordobés contemporáneo Julio Romero de Torres. Su padre llegó a Córdoba en 1862 para hacerse cargo de la conservación del recién creado Museo de Pintura. Nacido en Moguer el 30 de mayo de 1832 y muerto en Córdoba el 1 de diciembre de 1895, hizo algo más que conservar aquel deslavazado museo pictórico. Bajo su compromiso intelectual nacieron proyectos como la escuela de Bellas Artes, el Conservatorio de Música, la Biblioteca Provincial y el Museo Arqueológico, convertidos hoy, al cabo de los años, en referentes de la cultura cordobesa. Rafael Romero Barros compaginó sus compromisos públicos con la puesta en pie de una interesante obra pictórica, y aún tuvo tiempo de educar a sus ocho hijos, entre los que destacaron Rafael, Enrique y especialmente Julio. En el patio del viejo hospital, Romero Barros impartió clases de pintura a un aventajado grupo de alumnos. En uno de los costados estuvo su casa familiar, ocupada hasta 1991 por su nieta María. Hoy este edificio es sede del Museo Julio romero de Torres.
Museo de Bellas Artes En la Plaza del Potro, frente a la Posada del mismo nombre y compartiendo recinto con el Museo Julio Romero de Torres, se encuentra desde 1862 el Museo de Bellas Artes de Córdoba, en la parte más significativa de lo que antes fuera Hospital de la Caridad, establecimiento éste creado en el último cuarto del siglo XV, aunque sus restos arquitectónicos más notables, como la escalera, el patio o la capilla pertenecen a los primeros años del XVI. No obstante, su configuración arquitectónica actual es fruto de diversas modificaciones experimentadas fundamentalmente a lo largo del siglo XX, mediante la adhesión de algunas edificaciones anejas en función de las nuevas necesidades planteadas por las donaciones y depósitos que ha ido recibiendo.En la actualidad el Museo de Bellas Artes de Córdoba exhibe sus fondos distribuidos en seis salas, tres en planta alta y tres en baja, que están dedicadas a mostrar, de manera cronológica y didáctica, la evolución de la pintura y la escultura cordobesa entre los siglos XIV y XX. La visita se realiza comenzando por la planta alta.De ello hay que exceptuar la Sala I que abre el recorrido. Se la denomina Sala de dibujos y estampas y ha sido acondicionada con objeto de poder presentar el variado repertorio de obra sobre papel que conserva el Museo con las máximas garantías de seguridad y conservación, ya que la acción degradante que fundamentalmente la luz ejerce sobre este tipo de obra, supone el que su exhibición haya de hacerse con carácter temporal, por lo que en ella rotan periódicamente exposiciones que normalmente presentan una unidad temática.
En la Sala II se exhibe el Arte cordobés medieval y renacentista, pudiéndose admirar un variado repertorio de obras realizadas entre los siglos XIV y XVI que arranca de la denominada "escuela primitiva cordobesa" y que hasta entroncar en la segunda mitad del XVI con Baltasar del Águila, tuvo en Pedro de Córdoba, Pedro Romana y Alejo Fernández a sus más genuinos representantes. En ella se exhiben dos fragmentos de pinturas murales de mediados del siglo XIV procedentes de la primitiva Catedral de Córdoba, un San Nicolás de Bari de Pedro de Córdoba, una Virgen con el Niño de Pedro Romana, el Retablo del Maestro de la Flagelación procedente del desaparecido Hospital de Antón Cabrera, el famoso Cristo atado a la columna con San Pedro y donantes de Alejo Fernández y varias obras de Baltasar del Águila.La Sala III está dedicada en exclusiva al Arte manierista cordobés y muestra obras de los más destacados artistas locales que llegarían a enlazar con el naturalismo del siglo XVII. Entre ellas una Virgen rodeada de ángeles de Pablo de Céspedes, varios cuadros de singular tamaño -Asunción de la Virgen, Martirio de San Pedro de Verona, etc.- de Juan de Peñalosa, su principal discípulo, y obras de Antonio Mohedano de la Gutierra, Cristóbal Vela Cobo y un Arcángel San Gabriel anónimo.
En planta baja, y ubicada en lo que fue capilla del anti
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